El deseo cambia en esta etapa, y eso genera dudas y a veces culpa. Quiero quitar de en medio dos ideas equivocadas: que es solo «cosa de hormonas» y que no hay nada que hacer. Ni una ni otra. El deseo es más complejo que eso, y precisamente por eso hay varios sitios por donde ayudar.
Los cambios en el deseo, la excitación y el dolor en las relaciones son frecuentes y multifactoriales: influyen la sequedad, el ánimo, el sueño, los andrógenos y la relación de pareja.
Lo primero es tratar el dolor: si las relaciones duelen por sequedad, el deseo baja como consecuencia lógica, y muchas veces al resolver el dolor mejora todo.
La testosterona solo tiene evidencia para un caso concreto: el deseo sexual hipoactivo con malestar, tras descartar otras causas. No sirve para el cansancio ni el ánimo.
Si algo he aprendido en consulta es que el deseo rara vez tiene una sola causa. En la sexualidad de esta etapa se cruzan muchos hilos:
Por eso no hay una única pastilla que lo resuelva todo, y por eso también hay tanto margen para mejorar: se puede actuar sobre varios frentes a la vez.
Este es el orden que sigo casi siempre. Cuando las relaciones duelen por sequedad, el cerebro aprende a anticipar el dolor y el deseo se apaga como mecanismo de protección. Es lógico: nadie desea algo que asocia con molestia. En esos casos, empeñarse en «recuperar las ganas» sin tratar el dolor es empezar la casa por el tejado.
Tratar el síndrome genitourinario (con hidratantes, lubricantes o estrógenos vaginales, según el caso) suele desbloquear la situación. Al desaparecer el dolor, muchas mujeres recuperan el interés sin necesidad de nada más. Tienes el detalle en síndrome genitourinario.
Tener menos deseo no es en sí una enfermedad ni algo que haya que «arreglar» a la fuerza. Hablamos de un problema médico, el trastorno del deseo sexual hipoactivo (TDSH), solo cuando la falta de deseo es persistente y te genera malestar a ti.1 Esa última parte es clave: si el cambio no te preocupa, no hay nada que tratar. El objetivo nunca es cumplir una norma, sino que tú estés a gusto.
Aquí hay mucho ruido y conviene ser precisa. La testosterona tiene una única indicación con evidencia sólida en la mujer: el deseo sexual hipoactivo con malestar en la postmenopausia, una vez descartadas y tratadas otras causas (sequedad, ánimo, fármacos, problemas de pareja).1 En ese contexto, los estudios muestran una mejora real, aunque moderada, del deseo, la excitación y la satisfacción.2
Ninguna hormona arregla lo que no es hormonal. El sueño, el ánimo, cómo está la relación, la comunicación con la pareja y la propia imagen corporal pesan mucho en el deseo. A veces lo que más ayuda es hablar del tema (con la pareja, o con apoyo psicológico o sexológico), quitarle presión y darse permiso para que la sexualidad cambie de forma sin que eso signifique que se acaba. Cambiar no es lo mismo que terminar.
La única indicación basada en evidencia de la testosterona en mujeres es el trastorno del deseo sexual hipoactivo en posmenopáusicas, con distrés asociado y tras excluir causas tratables. Debe usarse a concentraciones fisiológicas premenopáusicas, con monitorización de niveles para evitar concentraciones suprafisiológicas. No hay evidencia que respalde su uso para síntomas cognitivos, del estado de ánimo, energía o salud ósea. Ausencia de preparado aprobado específico para mujeres en muchos países: uso off-label de formulaciones masculinas a dosis reducida con control analítico.
El metaanálisis de Islam et al. (Lancet Diabetes Endocrinol 2019, 46 ECA) documentó mejoras significativas en frecuencia de eventos sexuales satisfactorios, deseo, excitación, orgasmo y autoimagen, con reducción del distrés, en posmenopáusicas. La vía no oral (transdérmica) se prefiere por perfil lipídico neutro; la oral altera el perfil lipídico. Efectos adversos androgénicos leves (acné, vello) dosis-dependientes.
Es frecuente, y es multifactorial: influyen la sequedad y el dolor, el ánimo, el sueño, los andrógenos y la relación. Tener menos deseo no es en sí una enfermedad. Solo se considera un problema a tratar cuando es persistente y te genera malestar a ti.
Solo tiene evidencia para el deseo sexual hipoactivo con malestar en la postmenopausia, tras descartar otras causas. En ese caso mejora el deseo de forma moderada. No sirve para el cansancio, el ánimo, la memoria ni el hueso, y se usa a dosis fisiológicas con controles.
Mucho. Cuando las relaciones duelen por sequedad, el deseo se apaga para evitar el dolor. Por eso lo primero es tratar el síndrome genitourinario. Al desaparecer el dolor, muchas mujeres recuperan el interés sin necesidad de nada más.
Sí. El sueño, el ánimo, el estrés, la relación de pareja y la imagen corporal influyen mucho. Hablar del tema, quitarle presión y, si hace falta, apoyarse en ayuda psicológica o sexológica marca la diferencia. Ninguna hormona arregla lo que no es hormonal.
Guías y sociedades citadas: The Menopause Society (NAMS), NICE (Reino Unido), International Menopause Society (IMS), AEEM/SEGO y ESHRE. Última revisión de esta página: 23/07/2026.
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Contenido de la Dra. M.ª Ángeles de la Orden.