Muchas mujeres llegan a la consulta convencidas de que «todavía no les toca» porque siguen teniendo reglas. Y sin embargo llevan meses durmiendo mal, con sofocos o más irritables. Eso es la perimenopausia: la etapa larga y variable en la que empieza todo.
La perimenopausia es la transición hacia la menopausia. Empieza cuando las reglas se vuelven irregulares y aparecen los primeros síntomas, aunque sigas menstruando.
Puede durar de cuatro a ocho años de media, y a veces empieza a partir de los 40-45.
Los síntomas se deben a que los estrógenos oscilan (no simplemente bajan). Todo esto se puede valorar y tratar sin esperar a la menopausia.
«Peri» significa «alrededor de». La perimenopausia es el tiempo alrededor de la menopausia: los años previos a la última regla más los doce meses posteriores. Es la etapa en la que el cuerpo hace la transición, y también la que más dudas y más síntomas genera, precisamente porque sigues menstruando y no es evidente que la causa sea hormonal.
El rasgo que la define es el cambio en el patrón de las reglas. Ya no son como eran: se adelantan o se retrasan, cambian de cantidad, o empiezan a saltarse meses. Sobre ese fondo aparecen los primeros sofocos, el peor sueño, los cambios de ánimo o la niebla mental.
No hacen falta todos. Muchas mujeres empiezan solo con reglas irregulares y sueño peor, y tardan en relacionarlo con esta etapa. Si te reconoces, una valoración ayuda a poner nombre a lo que pasa.
La perimenopausia dura de media entre cuatro y ocho años, aunque hay mujeres que la pasan en un par de años y otras en las que se alarga más.1 La parte más sintomática suele ser la transición tardía, los meses en los que las reglas ya se saltan de forma clara.
Los sofocos, por cierto, no terminan el día de la menopausia. De media, los síntomas vasomotores duran en torno a siete años, y en algunas mujeres bastante más.2 Por eso tratarlos cuando molestan tiene todo el sentido; no es cuestión de «aguantar hasta que pase».
Hay una idea muy extendida y equivocada: que en esta etapa los estrógenos «se acaban» de forma progresiva. Lo que ocurre en la perimenopausia es lo contrario de ordenado. Los estrógenos oscilan: hay días o semanas con niveles incluso más altos de lo habitual y otros con caídas bruscas.1 Esa inestabilidad, más que el nivel bajo en sí, explica por qué los síntomas van y vienen y por qué un análisis puntual de hormonas dice tan poco (lo veo a diario: una analítica «normal» no descarta que estés en plena perimenopausia).
No hay que esperar a llevar un año sin regla para tratar lo que molesta. En la perimenopausia se puede actuar sobre los síntomas y, a la vez, ordenar las reglas cuando se descontrolan. Las opciones incluyen desde ajustes de hábitos y tratamientos no hormonales hasta terapia hormonal o determinados anticonceptivos, según tu caso y tus preferencias.
El objetivo no es «medicalizar» una etapa natural, sino que la vivas mejor. Cada mujer necesita cosas distintas, y por eso el primer paso siempre es entender bien qué te pasa a ti.
La transición menopáusica temprana se define por una variabilidad persistente ≥7 días en ciclos consecutivos; la tardía, por amenorrea ≥60 días. La FSH es fluctuante y de escaso valor diagnóstico aislado en esta fase por la variabilidad ciclo a ciclo. Los síntomas vasomotores alcanzan su pico en la transición tardía y la postmenopausia temprana; el estudio SWAN documentó una duración mediana total de SVM de 7,4 años, mayor en mujeres que los inician en la perimenopausia temprana y en poblaciones afroamericanas.
El SUA es frecuente por ciclos anovulatorios, pero no debe atribuirse automáticamente a la perimenopausia. Aplicar criterios de estudio (PALM-COEIN): valorar ecografía transvaginal y biopsia endometrial ante sangrado abundante, intermenstrual persistente, o factores de riesgo de hiperplasia (obesidad, SOP, exposición estrogénica sin oposición). El DIU de levonorgestrel es primera línea eficaz para el SUA y aporta protección endometrial si se añade estrógeno.
Sí, de hecho es lo característico. La perimenopausia cursa con reglas todavía presentes pero irregulares. Tener menstruación no descarta que estés en esta etapa ni que los síntomas sean hormonales.
Con frecuencia a partir de los 45 años, aunque puede empezar antes, sobre los 40. Si aparecen síntomas claros antes de los 40, conviene una valoración para descartar una menopausia precoz.
De media entre cuatro y ocho años, con mucha variación entre mujeres. La fase más sintomática suele ser la más cercana a la última regla.
Normalmente no aporta, porque en esta etapa las hormonas oscilan mucho y una analítica puntual puede salir «normal» estando en plena transición. El diagnóstico es sobre todo clínico: la edad y los síntomas.
Sí, si no deseas un embarazo. Mientras haya reglas, aunque sean irregulares, sigue existiendo posibilidad de embarazo. Hay opciones anticonceptivas que además ayudan con los síntomas.
Guías y sociedades citadas: The Menopause Society (NAMS), NICE (Reino Unido), International Menopause Society (IMS), AEEM/SEGO y ESHRE. Última revisión de esta página: 23/07/2026.
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Contenido de la Dra. M.ª Ángeles de la Orden.