La testosterona se ha puesto de moda como si fuera la hormona de la energía y las ganas de vivir. Conviene poner orden, porque las mujeres también producimos testosterona y tiene su papel, pero la evidencia la respalda para una sola cosa. Te explico para qué sirve de verdad y para qué no.
La única indicación de la testosterona en la mujer con evidencia es el trastorno del deseo sexual hipoactivo (TDSH) en la postmenopausia, tras descartar otras causas.1
No hay evidencia de que sirva para la fatiga, el estado de ánimo, la memoria o la salud del hueso. Para eso no está indicada.1
Se usa a dosis fisiológicas (las propias de una mujer, no de un hombre) y con controles. En muchos países no hay un preparado femenino aprobado, así que se emplean formulaciones masculinas a dosis reducida.
Aunque solemos pensar en la testosterona como «la hormona masculina», las mujeres también la producimos, en los ovarios y en las glándulas suprarrenales, y forma parte de nuestro equilibrio hormonal. Sus niveles descienden de forma gradual con la edad, más por el paso de los años que por la menopausia en sí (a diferencia de la caída brusca de estrógenos).1
Ese descenso ha alimentado la idea de que «reponer testosterona» devuelve la energía, el ánimo y el deseo. La parte del deseo tiene respaldo. El resto, de momento, no.
El Consenso Global de 2019 sobre testosterona en mujeres, respaldado por las principales sociedades de menopausia y endocrinología, fue claro: la única indicación basada en evidencia es el trastorno del deseo sexual hipoactivo (TDSH) en mujeres postmenopáusicas.1
El TDSH no es «tener menos ganas que antes» sin más. Es una falta de deseo persistente que genera malestar a la mujer, una vez descartadas otras causas. Y ese matiz importa, porque el deseo en esta etapa es multifactorial.
Solo cuando se han trabajado esas piezas y persiste un deseo bajo que molesta, la testosterona entra en juego como opción. Lo enlazo con la página de sexualidad, donde el tema se ve completo.
Aquí toca ser tajante, porque es donde más se sobrevende. El mismo consenso de 2019, y el metaanálisis de ensayos que lo acompañó, concluyeron que no hay datos suficientes que respalden la testosterona para:12
No significa que sea imposible que en el futuro cambie algo con más investigación. Significa que, hoy, prescribir testosterona para el cansancio o la memoria es ir por delante de la evidencia. Y como toda hormona, tiene efectos, así que no es inocuo usarla «por si acaso».
Todo gira en torno a la dosis fisiológica: acercar los niveles a los propios de una mujer premenopáusica, no masculinizarlos. Por eso las dosis son pequeñas y se controlan.1
El seguimiento incluye valorar la respuesta (si el deseo mejora en unos meses; si no lo hace, se retira), controlar los niveles para no pasarse y vigilar posibles efectos androgénicos. No es un tratamiento de «pon y olvida».
A dosis fisiológicas y por vía transdérmica, la testosterona en mujeres tiene un perfil de seguridad razonable a corto y medio plazo.1 Los efectos que se vigilan aparecen sobre todo si la dosis es excesiva:
La testosterona tiene un lugar legítimo y útil para el deseo sexual hipoactivo bien diagnosticado, dentro de un plan que primero ordena el resto. Fuera de esa indicación, hoy por hoy, promete más de lo que puede cumplir.
La declaración de consenso global (Davis SR et al., 2019), avalada por IMS, The Menopause Society, ES, ESE y otras, establece que la única indicación basada en evidencia de la testosterona en mujeres es el TDSH en la posmenopausia. La revisión sistemática y metaanálisis asociado (Islam RM et al., Lancet Diabetes Endocrinol 2019) confirmó un efecto significativo sobre deseo, excitación, orgasmo y satisfacción sexual, sin evidencia de beneficio para bienestar general, humor, cognición ni densidad ósea.
No usar niveles de testosterona para diagnosticar TDSH (no correlacionan con síntomas); sirven para excluir uso supraterapéutico durante el tratamiento. Objetivo: mantener concentraciones en rango premenopáusico. Ante ausencia de preparado femenino aprobado, se emplean formulaciones transdérmicas masculinas a ~1/10 de la dosis, evitando la vía oral por su impacto lipídico. Reevaluar respuesta a los 3-6 meses; suspender si no hay beneficio. Contraindicada en embarazo/lactancia y en cáncer hormonodependiente activo; datos de seguridad mamaria y cardiovascular a largo plazo aún limitados.
La única indicación con evidencia es el trastorno del deseo sexual hipoactivo en mujeres postmenopáusicas, es decir, una falta de deseo persistente que genera malestar, una vez descartadas otras causas. Para el resto de síntomas no hay respaldo suficiente.
No hay evidencia que lo respalde. El Consenso Global de 2019 concluyó que la testosterona no está indicada para la fatiga, el estado de ánimo, la memoria ni la salud del hueso. Usarla con esos fines es ir por delante de lo que muestran los estudios.
En muchos países, incluido el nuestro, no existe un preparado específico femenino aprobado. En la práctica se usan formulaciones masculinas, generalmente en gel, a una dosis reducida, con prescripción y seguimiento cuidadosos para mantener niveles fisiológicos.
A dosis fisiológicas y por la piel, su perfil es razonable a corto y medio plazo. Si la dosis es excesiva pueden aparecer efectos androgénicos como acné o aumento de vello, y más raramente cambios en la voz. Faltan datos de seguridad a largo plazo, por lo que el control es importante.
No de entrada. El deseo bajo en esta etapa suele ser multifactorial: sequedad o dolor en las relaciones, ánimo, sueño, algunos fármacos y el contexto de la relación. Primero se tratan esas causas. Solo si persiste un deseo bajo que genera malestar se plantea la testosterona.
Guías y sociedades citadas: The Menopause Society (NAMS), NICE (Reino Unido), International Menopause Society (IMS), AEEM/SEGO y ESHRE. Última revisión de esta página: 23/07/2026.
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Contenido de la Dra. M.ª Ángeles de la Orden.