Pocas cosas generan tanto miedo y tantos malentendidos como la terapia hormonal. Muchas mujeres llegan a consulta con una idea heredada de hace veinte años: que «da cáncer». La realidad es más matizada y, para la mayoría de mujeres que empiezan cerca de la menopausia, más tranquilizadora. Te lo explico con calma.
La terapia hormonal (TH) es el tratamiento más eficaz para los sofocos y sudores, y también para la sequedad y las molestias genitourinarias. Además previene la pérdida de hueso.1
Existe una ventana de oportunidad: iniciarla antes de los 60 años o dentro de los 10 primeros años desde la menopausia inclina el balance beneficio-riesgo a favor en mujeres sanas con síntomas.1
No es para todas ni obligatoria de por vida, y no se indica para prevenir la demencia ni la enfermedad cardiovascular. La decisión es individual, según tus síntomas, tu edad y tu historia.
La terapia hormonal de la menopausia (TH, o THM; antes se llamaba «tratamiento hormonal sustitutivo») consiste en reponer las hormonas que el ovario deja de producir, sobre todo estrógenos. Cuando conservas el útero se añade un gestágeno (progesterona o similar) para proteger el endometrio; si te han hecho una histerectomía, basta con el estrógeno solo.1
No es una sola cosa. Hay muchas formas de darla (comprimidos, parches, geles, un dispositivo intrauterino) y muchas dosis. Eso importa, porque buena parte de lo que se decía «de la TH» en bloque dependía en realidad del tipo, la dosis y la vía. Lo explico en tipos y vías de administración.
Aquí conviene ser precisa, porque el prestigio de la TH está en lo que hace bien, y su seguridad depende de no pedirle lo que no debe hacer.
| Para esto la TH | Evidencia |
|---|---|
| Sofocos y sudores nocturnos | Tratamiento más eficaz que existe. Reduce mucho frecuencia e intensidad.1 |
| Sequedad y molestias genitourinarias | Muy eficaz. Si es el único síntoma, suele bastar la vía vaginal local.1 |
| Prevención de la osteoporosis | Reduce la pérdida ósea y el riesgo de fractura mientras se toma.1 |
| Sueño, ánimo, dolor articular ligados a los sofocos | Mejoría frecuente, sobre todo cuando el síntoma va de la mano de los sofocos nocturnos. |
| Prevenir demencia o enfermedad cardiovascular | No es una indicación. La TH no se prescribe con ese fin.1 |
Esta última línea es clave y a veces sorprende. La TH iniciada en la ventana adecuada no aumenta el riesgo cardiovascular, e incluso los datos apuntan a menos enfermedad coronaria en mujeres que la empiezan pronto.2 Pero eso no la convierte en un tratamiento «para el corazón»: se indica por los síntomas y por el hueso, no para prevenir infartos ni deterioro cognitivo. Lo matizo en corazón y en niebla mental.
El balance entre lo que la TH aporta y lo que puede costar no es el mismo a los 52 que a los 68. Ese fue el gran malentendido que arrastramos desde los años 2000, y es la idea que ordena todo lo demás.
Las sociedades científicas lo resumen en el concepto de ventana de oportunidad: en mujeres sanas con síntomas, iniciar la TH antes de los 60 años o dentro de los 10 primeros años desde la última regla ofrece un balance beneficio-riesgo favorable.1 Cuanto más te alejas de la menopausia para empezarla, sobre todo pasados los 60 y con muchos años de postmenopausia, más se estrecha ese margen.
Esto no significa que a los 61 la puerta se cierre de golpe, ni que a los 50 esté indicada para todas. Significa que la edad y el tiempo desde la menopausia son parte esencial de la decisión. Y significa, sobre todo, que los miedos basados en estudios hechos en mujeres de 63 años de media no se pueden trasladar sin más a una mujer de 51 con sofocos. Ese punto lo desmonto con detalle en riesgos de la terapia hormonal.
La buena candidata típica es una mujer menor de 60 años o con menos de 10 años de menopausia, con síntomas que le afectan la vida, sin contraindicaciones. En ese perfil, para los sofocos que molestan de verdad, la TH suele ser la opción más razonable.1
Tener un factor de riesgo no siempre cierra todas las puertas: a veces cambia la vía (por ejemplo, transdérmica en lugar de oral) o inclina hacia opciones no hormonales. Y el estrógeno vaginal local es un caso aparte, seguro incluso en muchas de estas situaciones.
Hay un grupo en el que el planteamiento se invierte: la menopausia precoz (antes de los 40) y la temprana (40-45). Ahí la TH hace algo más que aliviar síntomas: repone lo que corresponde a la edad y protege hueso y corazón, y se recomienda al menos hasta la edad media de la menopausia salvo contraindicación.3
Lo que ordena el tratamiento es tu calidad de vida. Cuando los síntomas la afectan, lo más eficaz es la terapia hormonal, siempre que no existan contraindicaciones. Los síntomas se deben a un déficit de estrógenos, y reponer ese déficit mejora toda la sintomatología.1 Si no puedes o no quieres tomar hormonas, o tus síntomas son más leves, los tratamientos no hormonales también son eficaces según el preparado.
A partir de ahí, la decisión se construye contigo, valorando qué síntomas tienes y cuánto te afectan, tu edad y tiempo desde la menopausia, tu historia personal y familiar, y tus preferencias.1
A partir de ahí se elige la vía (con frecuencia transdérmica, por su mejor perfil de seguridad vascular), la dosis (la más baja que controle los síntomas) y la pauta del gestágeno según tengas o no útero. Todo eso lo detallo en tipos y vías.
La TH tampoco es una decisión irreversible. Se puede iniciar, ajustar, mantener mientras aporte y retirar cuando ya no compense. Lo habitual es una revisión anual en la que revalorar si sigue teniendo sentido.
Es el miedo número uno, y merece una respuesta honesta. El aumento de riesgo de cáncer de mama asociado a la TH combinada (estrógeno + gestágeno) es pequeño, aparece sobre todo con el uso prolongado y depende del tipo de gestágeno. El estrógeno solo (en mujeres sin útero) no lo aumentó en el gran ensayo de referencia, e incluso lo redujo.4 Lo desgloso con las cifras en riesgos.
No. El aumento de peso de esta etapa se debe sobre todo a la edad y a los cambios de composición corporal, no a la TH. Lo trato en peso y metabolismo.
«Natural» no es sinónimo de eficaz ni de seguro. La evidencia de la fitoterapia es débil, y las «bioidénticas compuestas» en fórmula magistral no están recomendadas por falta de control de dosis y calidad. Conviene distinguirlo bien.
El posicionamiento de The Menopause Society (2022) sostiene que, para mujeres sintomáticas <60 años o <10 años desde la menopausia sin contraindicación, los beneficios de la TH superan los riesgos para el tratamiento de los síntomas vasomotores y la prevención de la pérdida ósea. La NICE NG23 (actualización 2024) refuerza la decisión compartida y el uso de estradiol transdérmico como opción de menor riesgo trombótico.
El ensayo ELITE (Hodis HN et al., NEJM 2016) mostró que el estradiol oral frenaba la progresión del grosor íntima-media carotídeo en mujeres con <6 años de posmenopausia, pero no en las de >10 años, apoyando que el efecto vascular del estrógeno depende del estado del endotelio en el momento de iniciarlo. El seguimiento a 18 años de la WHI (Manson JE et al., JAMA 2017) no encontró aumento de mortalidad por cualquier causa ni cardiovascular ni oncológica atribuible a la TH.
Para la mayoría de mujeres sanas que la inician antes de los 60 años o dentro de los 10 primeros años desde la menopausia, el balance beneficio-riesgo es favorable. Los riesgos existen pero son pequeños y dependen del tipo, la dosis, la vía y la edad de inicio. La imagen de peligro generalizado procede de estudios hechos en mujeres bastante mayores, cuyo resultado no se puede trasladar sin más a una mujer joven con síntomas.
No hay un límite fijo de años. La idea antigua de «máximo cinco años» está superada. La duración se revisa de forma periódica, normalmente una vez al año, valorando si los síntomas persisten y cómo está tu balance de riesgo. Se mantiene mientras aporte más de lo que cuesta.
No se indica con ese fin. Iniciada en la ventana de oportunidad no aumenta el riesgo cardiovascular e incluso podría reducir la enfermedad coronaria, pero eso no la convierte en un tratamiento preventivo del corazón ni del cerebro. Se prescribe por los síntomas y por la protección del hueso.
En la perimenopausia, con reglas todavía presentes, el tratamiento se ajusta de otra manera y a veces se usan otras opciones (incluidos ciertos anticonceptivos). La TH clásica se plantea sobre todo cuando la menopausia está establecida o cercana. Conviene valorar tu caso concreto.
La TH sistémica no suele indicarse en ese caso. Existen alternativas no hormonales para los sofocos y, para la sequedad, opciones locales que se valoran de forma individual y compartida con tu oncólogo. Lo trato en la página de menopausia y cáncer de mama.
Guías y sociedades citadas: The Menopause Society (NAMS), NICE (Reino Unido), International Menopause Society (IMS), AEEM/SEGO y ESHRE. Última revisión de esta página: 23/07/2026.
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Contenido de la Dra. M.ª Ángeles de la Orden.